domingo, 6 de noviembre de 2016

Artículos sobre las Civilizaciones Precolombinas

Los mayas: civilización creadora 

El calendario más preciso y conceptualmente más rico que se haya elaborado en el mundo es apenas uno, aunque muy sobresaliente, de los muchos y grandes aportes que la milenaria cultura maya ha hecho a la humanidad, según los expertos.  Ese calendario, de 18 meses de 20 días, más el Wayeb, de cinco días sagrados, marca el próximo solsticio -21 de diciembre en el occidental- el fin de la ‘cuenta larga’ (era de cinco mil 200 años), motivo de celebraciones con rituales ancestrales, aunque también de vaticinios apocalípticos.  “El calendario maya no es simplemente una cuestión de contar segundos, minutos y horas”, sino un modelo de “cómo se mueven los astros y de cómo esto influye de manera cíclica en la vida humana”, dijo a la AFP el antropólogo guatemalteco Alvaro Pop, miembro del Foro Permanente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones Indígenas. 

Mediante la observación y el estudio del cielo, los mayas desarrollaron el concepto de que “no hay nada que no esté influenciado por los astros, desde las mareas hasta el nacimiento de los niños y las niñas”, afirmó. La antropóloga costarricense Ana Cecilia Arias coincide con Pop en subrayar el impresionante desarrollo del conocimiento astronómico de los mayas.  “Desde tiempos muy tempranos, desde antes de Cristo, los mayas van logrando un desarrollo sociocultural tan enorme que pudieron manejar ciertos cálculos matemáticos para determinar la órbita de Venus”, explicó Arias.   La astronomía también les sirvió para tener un conocimiento más preciso de la influencia de los astros sobre la vida de las plantas, lo que a su vez les permitió mejorar sus conocimientos agronómicos. 

Más allá de esto, los mayas hicieron aportes muy significativos a la arquitectura, la matemática, la topografía, el arte textil, la cocina, que se han proyectado a través de los siglos hasta la actual cultura mesoamericana, que abarca parte de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.   Hombres de maíz. El arte culinario de Mesoamérica, caracterizado por la presencia medular del maíz, también hunde sus raíces en la cultura de los mayas, que domesticaron esta planta hace tres mil años y la convirtieron en uno de los ejes centrales de su vida. 

Fueron además los primeros en cultivar el cacao, ese seductor producto que hoy deleita paladares en el mundo entero, y hay indicios de que podrían ser los culpables del hábito de mascar chicle, goma obtenida a partir de la savia de una planta, conocida científicamente como Manilkara zapota, originaria de México y Centroamérica. El manejo del diseño y el color en los tejidos indígenas guatemaltecos, admirados en el mundo, son expresiones inconfundibles de esa cultura.   “Sobre todo el color de esos tejidos constituye la expresión de vida más explosiva y bella que se pueda encontrar en el continente y el mundo”, asegura Pop.

En otros ámbitos, los mayas hablaron 36 lenguas en toda Mesoamérica, muchas de las cuales se conservan vivas, con una estructura gramatical muy desarrollada y expresiones literarias propias. El Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas, es una de esas importantes herencias literarias, donde se refleja con claridad la cosmovisión y la espiritualidad de este pueblo.   Como han hecho las grandes culturas de la humanidad, los mayas desarrollaron una escritura que hemos podido descifrar y a través de la cual conocemos su historia, inscrita en las llamadas “estelas”, unos monumentos de piedra tallada que guardan el registro de grandes acontecimientos. 

Algo más que ruinas. La cultura maya tuvo su mayor esplendor en el llamado período clásico (250-900 d.C.) hasta que entró en una etapa de decadencia en el período postclásico que se prolongó hasta tres siglos antes de la llegada de los españoles a la región.   Es indiscutible que muchos de los grandes monumentos arquitectónicos de la región, como las iglesias coloniales, están impregnadas del mismo conocimiento de la física y la ingeniería que hicieron posibles las grandes pirámides construidas por los mayas, pues muchos de los constructores eran indígenas herederos de tales conocimientos, aseguró Arias.

De la época de gloria de la civilización maya, quedan en la actualidad los vestigios de grandes ciudades como Chichén Itzá en México, Tikal en Guatemala, Copan en Honduras y Tazumal en El Salvador, que constituyen las mecas del turismo arqueológico regional.   Descendientes. Pero sobre todo, queda una numerosa población que, además de conservar la herencia genética de sus antepasados, sigue guardando mucho de la tradición cultural, en contextos muy adversos, de sociedades que menosprecian su propio pasado. 

Hoy subyugada, discriminada, arrinconada en la miseria y despreciada en su valor, la cultura maya continúa, sin embargo, haciendo un aporte valiosísimo a la sociedad mesoamericana y universal, asegura Pop: “Y es la enseñanza de que la paz es la mejor forma de convivencia humana”.  Esta actitud pacífica y de respeto a la naturaleza es esencial -afirma el antropólogo- a la espiritualidad de los mayas, que no se compara con la de ninguna otra cultura prehispánica de América.

Los aztecas: el gran imperio americano

La formación del imperio azteca se baso en una alianza de tres grandes ciudades: Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán. Los aztecas extendieron su poder por toda la región de mesoamerica. Las relaciones políticas que se establecieron entre los aztecas y las regiones que controlaban aun no son muy claras, pero podemos afirmar que no era una estructura rigurosamente centralizada, como la edificada por los Incas en Sudamerica.

En la Confederacion Azteca convivieron innumerables comunidades con idiomas, costumbres y culturas diferentes (zapotecas, mixtecas, totonacas, etc) La unidad entre ellas se daba en torno a aspectos religiosos y, principalmente, a través de la centralización militar de los aztecas y la contribución obligatoria de impuestos de los pueblos mesoamericanos sometidos al Imperio Azteca. Las diversas provincias de la región de mesoamerica, además de los tributos, debían proporcionar contingentes militares y someterse a la justicia de los tribunales de la capital azteca, Tenochtitlán.


La civilización Azteca alcanzó su apogeo entre los años 1440 y 1520, cuando fue internamente destruida por los conquistadores españoles liderados por Hernán Cortez, después de diversas incursiones colonizadoras, en agosto de 1521, el Imperio Azteca fue conquistado. Diversas razones llevaron a la derrota azteca y la primera es propiamente militar: la guerra, para los aztecas, tenía como objetivo la dominación politica-militar, para los españoles la guerra era de conquista y exterminio. Además de eso las estrategias militares y, principalmente, el armamento bélico de los colonizadores eran más avanzados tecnologicamente. Otro motivo importante fue la proliferacion entre los aztecas de varias enfermedades y epidemias traídas por los europeos (la más fuerte fue la viruela).


Un factor adicional que contribuyo mucho a la derrota azteca fue la alianza establecida entre algunos pueblos de la región de mesoamerica, descontentos con la dominación del imperio Azteca (tlaxcaltecas, totonacas, etc), con los españoles. La intención inmediata de esos pueblos mesoamericanos era destruir la hegemonía de los aztecas en la región, y vieron en los españoles fuertes aliados para alcanzar ese objetivo. Sin embargo, ellos no podían predecir lo que sucedería después de la derrota azteca, como la consolidación de la colonización europea.


Los Incas: creadores de leyendas

1. La creación

Cuenta la leyenda, que el dios Viracocha, creó un mundo sin luz y dio vida a unos gigantes que no lo respetaron ni lo obedecieron. Disconforme con el resultado de su creación, Viracocha envió un diluvio que sumergió a la tierra transformándola completamente. Una vez que los gigantes desaparecieron, Viracocha decidió crear hombres pero de un tamaño semejante al suyo. Para que los hombres pudieran apreciar su obra resolvió iluminar la tierra por medio del sol, la luna y las estrellas. Creo también plantas árboles y animales. Viracocha hizo aparecer a un enviado suyo, Viracochan, un hombre que imponía respeto, para que instruyera a los hombres sobre la manera de conducirse para vivir en paz y armonía. El les enseñaba como cultivar y cuando cosechar. Las hierbas que podían utilizar como medicina, y los vestidos que debían usar. Les enseñaba con bondad y mucha paciencia.

A pesar de todos los beneficios que las enseñanzas de Virocochan les producía, muchos hombres lo injuriaron y se reían de él porque vestía una túnica andrajosa. Ellos fueron convertidos en piedras. Hubo quienes trataron de escapar de su furia, pero fueron alcanzados por fuego volcánico. Solo allí se dieron cuenta que estaban ante un ser poderoso al que le debían obediencia y respeto. Viracochan hizo un largo recorrido. Al llegar a un hermoso valle creó a una persona llamada Alcaviza y a ese lugar le dio por nombre Cuzco. Luego exclamó: Después de Alcaviza, llegarán los incas orejones. Mi deseo es que sean respetados. Este era un anticipo de la llegada a Cuzco de Ayar Manco y Mama Ocllo, fundadores del Imperio Inca

2. Pachamama

Pachamama, quien estaba asociada con la fertilidad y con la tierra, por lo que era considerada una divinidad de tipo “ctónico”.Por ello, habitaba en el interior de la tierra y en las cumbres de las montañas y, con frecuencia, era representada con la forma de una niña. Sus principales funciones estaban relacionadas con la producción de los alimentos y es por ello por lo que las ceremonias en las que se le daba culto estaban vinculadas siempre con la siembra, el cuidado de esta y con la cosecha.

Sus ofrendas estaban, básicamente, hechas de sebo, chicha, coca y “mullu” y estaban dirigidas asimismo a rogarle por la protección de los cultivos. De todas ellas, la más importante era la chicha, bebida en un brindis de carácter ritual al que se le denominaba como “tika”, pues estaba establecido que se le debía ofrecer a Pachamama antes de la siembra haciéndosela beber rociándola por la tierra.

Del mismo modo todo aquel que bebiera chicha debía de ofrecerle a la diosa el primer vaso para evitar que Pachamama se enfadara y lo castigase. Se creía, además, que ella era la responsable de enfermedades mágicas como el “huari”, la “chapla” y el “chocho”, todas ellas producto del resentimiento.

3. Inti

El Sol, la Luna y las estrellas conformaban el núcleo del panteón inca. A su cabeza se encontraba Inti, el dios Sol, fuente de toda la riqueza, rey del cielo, las plantas, y el universo. Se le consideraba además el ancestro del emperador o Sapa Inca, que como representante suyo gobernaba con poder absoluto sobre el Tahuantinsuyo, las cuatro partes del mundo conocido.

Cuenta un viejo mito que Inti, viendo que los hombres vivían como animales salvajes, sin cultivar la tierra ni construir casas, alimentándose de las raíces que encontraban y cubriéndose con hojas y pieles, decidió enviar a dos de sus hijos, hombre y mujer, para que les transmitiesen el conocimiento y los guiasen. Estos dos hijos del Sol eran Manco Capac y Mama Ocllo, de quienes proviene la dinastía reinante, los Incas propiamente dichos.

Antes de depositarlos junto al lago Titicaca, el Sol les dio una estrecha barra de oro para que la clavasen en la tierra allá por donde pasasen. Si la barra se hundía de un solo golpe, aquel era el lugar apropiado para asentarse definitivamente. Así los dos caminaron hacia el norte, hasta llegar a un valle rodeado de escarpadas montañas en cuyo suelo la barra se hundió tras darle un golpe. Convocaron entonces a las gentes, explicándoles como el Sol los había enviado para que fuesen sus maestros, y las llevaron a aquel lugar, en donde fundaron la ciudad de Cuzco. De Inti se decía que estaba casado con su hermana la Luna, llamada también Mama Quilla. Los antiguos habitantes de Perú creían que tras cruzar el cielo en su periplo diario, se sumergía en el océano oriental, al cual secaba parcialmente. Durante la noche regresaba nadando bajo la tierra y reaparecía a la mañana siguiente, rejuvenecido por el baño. Los eclipses eran interpretados como una señal de su ira.

Cuentan que en una ocasión el Sol se apareció al Inca Yupanqui para anunciar futuras victorias militares y recordarle sus obligaciones como hijo suyo. Mientras el Inca hacía un alto en el camino junto a la fuente de Sucur-pugaio, un cristal cayó al agua. Al mirar en su interior vio a un indio tras cuya cabeza brillaban tres rayos de sol, que iba vestido con los ropajes reales, llevaba enroscadas en sus brazos dos serpientes y se acompañaba por dos pumas. Yupanqui se asustó con su visión, pero la imagen lo tranquilizó diciéndole que era su padre el Sol. Después le anunció que conquistaría muchas naciones, pero que nunca debía olvidarse de reverenciarle dedicándole las ofrendas adecuadas. Tras decir esto desapareció, dejando al Inca el cristal, en el cual pudo ver desde entonces todo aquello que deseó.

Según esta leyenda, Yupanqui ordenó construir una estatua del Sol que lo presentase tal y como él lo había visto. Sin embargo, la representación habitual consistía en un disco dorado con un rostro inscrito y rodeado por rayos solares y llamas. Así aparecía, por ejemplo en el santuario principal del Templo del Sol o Coricancha, templo más importante de Cuzco y auténtico centro religioso del imperio. En el Coricancha, cuyos muros exteriores medían más de cuatrocientos metros, vivía el Gran Sacerdote del Sol o Vilca-Oma, quien dirigía toda la vida religiosa del imperio y era habitualmente tío o hermano del emperador. Otros de los recintos internos servían de vivienda a parte del personal del templo, que podía llegar a estar compuesto por centenares de personas.

Existía también un grupo de mujeres, las Vírgenes del Sol o Acllas (“elegidas”), consagradas al Sol y al servicio del Inca. Unos funcionarios especiales las seleccionaban entre las niñas menores de 8 años según su linaje y su belleza. Desde entonces residían en unos conventos, los Aclla Huasi (“casa de las elegidas”), bajo el gobierno de unas mujeres mayores denominadas Mama Cunas. Tejían toda la ropa que el Inca y su mujer vestían, y preparaban la ropa, la comida y la chicha (cerveza de maíz fermentado) que se ofrendaba al Sol.

Las grandes fiestas celebradas al año en honor al Sol eran dos: el Capac Raymi y el Inti Raymi. El Capac Raymi tenía lugar durante el solsticio del verano austral (21 de diciembre). Durante esta fiesta se celebraban los ritos de iniciación de los hijos de los nobles, que así entraban en la edad adulta, en la aristocracia y en el servicio del Inca.

El Inti Raymi coincidía con solsticio de invierno (21 de junio). Antes del amanecer, el emperador, su familia y el pueblo se dirigían en solemne procesión a la plaza mayor de Cuzco en donde aguardaban en silencio al sol naciente, cuya aparición era recibida con júbilo. Todos los presentes se arrodillaban entonces y el Inca ofrecía chicha al sol en un recipiente de plata. Después marchaban al Coricancha, en donde se volvía a encender el fuego sagrado mediante el uso de unos espejos. La ceremonia se acompañaba con danzas y sacrificios de grano, flores y animales, que eran quemados en hogueras. Desde las colinas que rodeaban Cuzco innumerables columnas de humo ascendían hacia el cielo portando las ofrendas realizadas al Sol.

4. Lago Titicaca

Había una vez un valle muy fértil rodeado de montañas altísimas. Ese valle estaba ubicado en el territorio que hoy ocupa el norte de Bolivia y el sur de Perú. Los hombres que allí habitaban vivían felices sin preocupaciones. Los Apus, dioses de las montañas, les procuraban todo lo que necesitaban, desde alimento hasta abrigo. Además los protegían de todos los peligros y angustias.

Los Apus habían puesto todos estos bienes a disposición de los hombres con una sola condición: Que ningún hombre debía escalar jamás la montaña donde ardía el fuego sagrado. Los hombres siempre habían obedecido el mandato de sus dioses protectores, pero un día, el diablo, molesto de ver tanta paz y tranquilidad, comenzó a instigar a los hombres para que compitieran entre ellos para averiguar quién de ellos era el más valiente. La muestra de coraje consistía en desafiar a los dioses.

Un día, los hombres decidieron escalar la montaña donde ardía el fuego sagrado, pero los Apus los sorprendieron a mitad de camino. Al ver que los hombres habían desobedecido su mandato decidieron exterminarlos. Bajo la orden de los dioses, cientos de pumas que poblaban la montaña del fuego sagrado salieron de sus cuevas y comenzaron a devorarlos. Los hombres pidieron ayuda al diablo, pero este los ignoró porque ya había logrado lo que pretendía. Desde lo alto del cielo, Inti, el dios del Sol contemplaba la masacre con tristeza. Tanto era su dolor que lloró amargamente durante cuarenta días. Tan profuso fue su llanto que sus lágrimas inundaron el valle por completo.

Todos los hombres murieron salvo un hombre y una mujer que estaban en una barca de juncos. Cuando el sol volvió a brillar vieron que se encontraban navegando sobre un lago enorme. Y sobre las aguas del lago podían verse los pumas ahogados transformados en estatuas de piedra. Esta pareja llamó al lago Titicaca que significa el lago de los Pumas de Piedra.

5. Manco Capac y Mama Ollo

El sol, viendo el estado penoso de los hombres, creó una pareja: Manco Capac el varón y Mama Ocllo, su esposa y hermana; les colocó un cetro de oro y les ordenó ir por el mundo para civilizar a los pobladores. Les encargó fundar un reino, e implantar en él el culto al sol.Manco Capac y Mama Ocllo salieron de las espumas del Lago Titicaca en la Isla del Sol (Bolivia), y avanzaron hacia el norte. El cetro de oro les serviría para encontrar el lugar ideal para la fundación del Imperio, pues en él se hundiría el bastón hasta desaparecer.Decidieron separarse, marchando Manco Capac al norte y Mama Ocllo al sur del valle, para convocar a la gente y someterla.

Los habitantes de todo el valle no tardaron en reconocerlos como seres sobrenaturales. Después de un largo recorrido, el cetro se hundió en el cerro Huanacauri. Manco Capac y Mama Ocllo se establecieron allí.Manco Capac mandó a los que estaban con él instalarse en la parte alta del valle, que se llamó Hanan Cuzco; y Mama Ocllo colocó a los suyos en la parte baja o Hurin Cuzco. Ambos ayudaron a mejorar el lugar; enseñaron a los hombres que allí vivían a trabajar la tierra, a construir canales. A las mujeres Mama Ocllo les enseñó a hacer coser, cocinar y hacer telares.

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