El Imperio español y las
culturas precolombinas
Artículo de Javier Bilbao
“Es cierto que ha llegado a la costa
una gente de un tipo que no conozco; había montañas sobre las olas y un cierto
número de hombres vino de ellas hacia la costa (…) La piel de esas gentes era
muy blanca, mucho más que la nuestra. Todos ellos llevaban largas barbas y pelo
hasta las orejas”
Crónica Mexicáyotl
Debió de ser digna de verse la
extrañeza que les causó a indígenas y castellanos su primer contacto en 1492,
pero aun así difícilmente pudieron entonces imaginar las consecuencias que
traería consigo. A su regreso, los Reyes Católicos pidieron a Colón que tratase
a los indios “muy bien e amorosamente”, orden que los conquistadores no se
tomaron precisamente al pie de la letra… Casi desde el desembarco inicial
abundaron prácticas como la captura de indios para utilizarlos como esclavos,
la deportación de africanos a las colonias americanas con el mismo fin, la
destrucción del hábitat de los indios e incluso su aniquilamiento en razias de
represalia o conquista. Incluso se dieron casos de aquello que simboliza la barbarie
como ninguna otra cosa: el canibalismo. Paradójicamente por parte de quienes se
enorgullecían de llevar la civilización, como en la expedición a la costa norte
de Sudamérica de Juan de la Cosa de 1505, en la que a falta de mejores
alimentos no tuvieron mejor idea que capturar a un indio para comérselo
hervido.
Por otro lado, tal como explica Jared
Diamond en Armas, gérmenes y acero, la horizontalidad del continente
euroasiático, en contraste con el americano, permitió a lo largo de los siglos
compartir entre diferentes regiones —gracias a la similitud de sus climas— una
gran variedad de especies vegetales y animales domesticadas. Lo que trajo
consigo un mayor desarrollo económico y tecnológico… y también un aumento
pavoroso de enfermedades que se transmitían de dichos animales a los humanos y
de estos entre sí, debido a los numerosos núcleos de población y vías de
comunicación que los conectaban, especialmente en Europa. Esto supuso a lo
largo de los siglos un proceso de selección darwinista de los habitantes
europeos, más o menos resistentes indefensa en ese aspecto. Se estima que en
torno al 90% de los indígenas murieron a lo largo del siglo XVI debido a tales
enfermedades. Pero no hubo únicamente calamidades. Esto que sigue es parte del
extraordinario discurso que Fray Antonio de Montesino dirigió a los colonos que
le escucharon estupefactos en la isla de Santo Domingo el 21 de diciembre de
1511:
Así se imaginaba a los habitantes de
las Indias.
Todos estáis en pecado mortal y en él
vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes.
Decid, ¿Con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible
servidumbre aquestos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables
guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas? ¿Cómo los
tenéis tan opresos y fatigados, sin dadles de comer ni curallos en sus
enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren,
y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día? ¿Y qué
cuidado tenéis de quien los doctrine, y conozcan a su Dios y criador, sean
baptizados, oigan misa, guarden las fiestas y los domingos? ¿Estos, no son
hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a
vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta
profundidad de sueño tan letárgico dormidos?
Una reflexión que abrió el camino a un
intenso debate en el naciente imperio en torno a cómo debían ser tratados los
indios y que culminó con la promulgación de las Leyes de Burgos en 1512 y otras
posteriores. Como dice Hugh Thomas en su excelente El Imperio español, “debemos
reconocer que este debate fue único en la historia de los imperios, ¿inspiraron
Roma, Atenas o Macedonia semejante debate acerca de sus conquistas? ¿Lo
inspiraron Francia o Rusia? ¿Hubiese optado la Corona Británica por organizar
tan docto debate en Oxford para especular sobre si era jurídicamente justa la
guerra contra los ashanti o los afganos? La sola idea resulta risible”. Por su
parte, John H. Elliot sostiene una opinión muy similar al respecto: “tanto la
convocatoria de la discusión de Valladolid como la legislación que siguió a
continuación constituyen un testimonio del compromiso de la corona por
garantizar la ‘justicia’ para sus poblaciones de súbditos indígenas, un empeño
para el que no es fácil encontrar paralelos por su constancia y vigor en la
historia de otros imperios coloniales.”
Con todos los logros y horrores de
este periodo no hay duda de que se trata de una etapa fascinante y de
extraordinario relieve en la historia no solo de España sino del conjunto de la
humanidad. Algo que merece ser conocido por todos. A tan ambiciosa tarea se
dedica el Museo de América, sin duda uno de los mejores museos que existen en
Madrid. Por alargada que sea la sombra del Prado o del Thyssen, su excepcional
legado también merece atención. Así que allí nos dirigimos.
El Imperio español y las culturas precolombinas - Museo de América
El entorno en el que se ubica, Moncloa,
es uno de los más curiosos de Madrid. Y no solo porque cerca de allí tenga su
residencia el hombre que gobierna España y lee el Marca (no sabemos si en ese
orden). Junto al intercambiador de metro y autobús vemos a un lado el señorial
Cuartel General del Ejército del Aire, un impresionante edificio que suele
exhibir algún avión aparcado delante de su fachada. Cerca se sitúa el Arco de
la Victoria, construido por el régimen franquista para celebrar su victoria en
la Guerra Civil, con una estética de inspiración romana/fascista. Presidiéndolo
todo encontramos un extraño mirador con forma de ovni destartalado llamado el
Faro de Moncloa, cerrado al poco tiempo de su inauguración por el
derrumbamiento de parte de su estructura. Y finalmente llegamos al museo, con
forma de monasterio puesto que su objetivo inicial cuando fue construido en el
año 1941 era “difundir la gran tarea evangelizadora de España en América”. Allí
nos recibió el subdirector del centro, Félix Jiménez, hombre de gran erudición
que amablemente nos guió por el recinto.
Según nos explica, fue cerrado en el
año 1981 y reabierto 13 años después, para conmemorar el 500 aniversario del
Descubrimiento aunque con algo de retraso. Eso sí, desde una perspectiva muy
distinta a la que lo inauguró. Y es que todo museo tiene una carga ideológica,
asegura: “los museos son instituciones que nacen a la sombra de intereses
políticos, que buscan mostrar la existencia de un proyecto nacional común y
pretenden resaltar su diferenciación respecto a los vecinos. Algo que suele
conllevar que el otro es inferior”. Pone como ejemplo de esa función propagandística
la compra por parte de la Junta de Castilla y León de una espada Tizona
supuestamente de El Cid. Fue considerada falsa por los expertos en el informe
solicitado para evaluar su compra… pero a pesar de ello la administración se
gastó 1,5 millones de euros en su adquisición.
Y ese falseamiento es contra lo que
lucha este museo desde su reapertura, nos dice Félix: “abarca una realidad
enorme, de una gran complejidad, e intenta salir del apuro de la manera más
digna posible”. De tal manera que procura evitar juicios morales (estableciendo
por ejemplo una distinción entre “sociedades complejas” y “sociedades
igualitarias”, pero sin darles más tributos) y que, de hecho, ha contado con la
aprobación de los indígenas americanos que han acudido al museo invitados en
diversas ocasiones. Curiosamente a quien no gustó nada fue al cardenal Rouco
Varela, con el apoyo de la hace unos años ministra de Cultura Esperanza
Aguirre, ya que encontraron inapropiado que objetos vinculados a la religión
católica compartieran espacio con los pertenecientes a religiones
precolombinas, al considerar que eso las igualaba —siendo solo una de ellas la
verdadera— y pidieron que se modificase la distribución de la exposición.
Solicitud que no se vio satisfecha porque desde la perspectiva científica que
un museo debe tener resulta inasumible, zanja el subdirector.
Para mostrar tanto las sociedades
precolombinas como la de la América colonial el museo cuenta con una colección
de unos 25.000 objetos de etnografía, arqueología y bellas artes, de los que se
exhiben aproximadamente un 10%. Lo que la convierte en la mejor colección
mundial sobre las culturas americanas, junto al Museo de la Humanidad de
Londres y El Museo del Hermitage de San Petersburgo. Tiene piezas de
excepcional valor y belleza, siendo su recopilación de figuras de oro única en
el mundo. No está organizado como otros por orden cronológico o áreas
culturales, sino por cinco grandes temáticas: el conocimiento de América, el
continente americano, la sociedad, la religión y la comunicación.
“De español y negra, mulato”. Como
podemos ver, representa una escena de la vida cotidiana.
Sería imposible mencionar en este
artículo todas aquellas piezas que lo merecen, pero destacaría por ejemplo las
pinturas de castas. Si bien en la América anglosajona no hay constancia de
ningún matrimonio entre colono e india antes de 1676, los reyes Isabel y
Fernando dictaron desde el principio que “algunos cristianos se casen con
algunas mujeres indias, y las mujeres cristianas con algunos indios, porque los
unos y los otros se comuniquen y enseñen, para ser indoctrinados en las cosas
de nuestra Santa Fe Católica”. Una tarea esta, la del mestizaje, a la que los
colonos se dedicaron con entusiasmo. El resultado fue que en unas cuantas
décadas pasó a ser imposible la distinción clara de las sociedades coloniales
entre colonos y nativos, así que comenzaron a pintarse los cuadros de castas,
en los que se establecían infinidad de categorías raciales. Por ejemplo un hijo
de indio y negra pasaba a ser lobo, de lobo y negra, era chino, de chino e
india, cambujo, de cambujo e india, nace tente en el aire y de mulato con tente
en el aire, no te entiendo. El museo cuenta con una buena colección de de este
tipo de pinturas, siempre representando escenas de la vida cotidiana.
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